La alegría, igual que las demás emociones, tiene una función: compartir.
Como seres sociales que somos, necesitamos del contacto con los demás para seguir vivos! Sí, sí, así de importante es el contacto! Si no hay contacto nutritivo (sobretodo en la infancia más temprana), si no hay compartir…. la vida se va! 
Por eso, cuando sentimos alegría, nace en nosotros un claro impulso de acercarnos a los demás, de compartir, de dar. Esta emoción suele ser agradable para tod@s, y, de las 4 emociones básicas (alegría,rabia, miedo y tristeza), es, sin duda, la que más buena prensa tiene!! 
¡Pero, ojo! La alegría, como las demás emociones, también es positiva o negativa según su dosis! 
Cuando no sentimos suficiente alegría, aparece la melancolía o la apatía, que no son estados especialmente saludables si se sostienen en el tiempo.  Y si la sentimos en exceso, entramos en estados de euforia que pueden resultar también muy perjudiciales para nosotr@s! Voy a profundizar un poco más en esto porque quizás cueste entender el exceso de alegría como negativo para un@. Aquí va la explicación…
Cuando sentimos euforia (excceso de alegría), perdemos «la realidad» de vista, nos volvemos excesivamente optimistas y poco prudentes, e incluso, podemos actuar sin tener en cuenta los efectos o consecuencias de nuestros actos para los que nos rodean. Si recuerdas algún momento en el que hayas sentido euforia, seguro que puedes identificar esta sensación de que te pierdes de los que tienes al lado, dejas de empatizar con ellos y te desconectas de ellos  porque no ves más allá de ti mism@ o del hecho que te conectó con esa emoción. Entonces, en lugar de compartir desde el corazón, desde lo más esencial, arrasas con el otr@… ¿Lo has sentido alguna vez? ¿Puedes reconocerlo en algún momento de tu vida?
Por ello insisto:  Ninguna emoción es ni negativa ni positiva, todas tienen una función concreta que nos ayuda a regularnos en el loco y apasionante vaivén de la vida.
No te aferres a ninguna emoción. Déjalas venir, siéntelas, toma conciencia de ellas, integra…y suéltalas! Así darás espacio al fluir de la vida…
Y enlazando con este fluir de vida perpetuo, termino regalándote un hermoso texto de Mario Benedetti:
«Que llegue quien tenga que llegar,
que se vaya quien se tenga que ir,
que duela lo que tenga que doler…
que pase lo que tenga que pasar.»
Que así sea, así es…así será
Judith Benavent