¿Cuántas veces comes realmente lo que tu cuerpo necesita? ¿Alguna vez te has “pillado” comiendo por comer? no porque tengas hambre sino porque sientes ansiedad, o angustia, o, simplemente porque necesitas estar ocupad@ haciendo algo y te pones a comer? ¿O quizás comes y comes y comes y el hambre parece no desaparecer nunca?

Si te reconoces en eso (creo que la mayoría hemos “caído en la tentación”), te propongo seguir leyendo, quizás descubras cosas útiles que te ayuden a entender(te)…

Tomar conciencia de lo que como y para qué lo como

Quizás ya tengas claro que no comes tan bien como te gustaría o no comes como “deberías”. Es muy importante que, antes de intentar cambiar tu alimentación, tomes conciencia de qué comes. Si te pregunto, qué cenaste ayer, ¿podrías responderme en menos de 10 segundos? Y si te pregunto, ¿qué comiste hace 2 días? En realidad, solemos comer como robotitos programados, como máquinas que engullen sin poner atención ni conciencia en lo que estamos comiendo. Sin embargo, estamos pendientes de la televisión, del móvil… pendientes de mil cosas, menos de lo verdaderamente importante, lo que estamos comiendo.

Te propongo un ejercicio muy muy sencillo para que empieces a tomar conciencia de cómo es tu alimentación: Durante los próximos días (entre 3 y 7 días, lo que puedas comprometerte a hacer), anota en una libreta TODO lo que comes, desde las principales comidas, hasta los frutos secos de media mañana, o el trocito de chocolate antes de acostarte, pasando por el pastelito  que tu hijo no se ha terminado y (por no tirarlo) has terminado comiéndote tú… Simplemente, anótalo en la libreta… no dejes de comerlo, no cambies nadan, no te juzgues… sólo TOMA NOTA.

Al finalizar esos días, lee TODO lo que has comido. Y observa…¿Qué te parece? Así, a simple vista, ¿te parece saludable para ti? ¿Cómo podrías mejorarlo? Seguro que hay alimentos que, sin necesidad de que yo te lo diga, ya intuyes (o sabes) que no son saludables para ti. Y aquí empieza lo realmente interesante… Si sabes que no son saludables para ti, ¿PARA QUÉ te los comes?  ¿Con qué objetivo comes esos alimentos poco saludables?  Te doy algunas pistas…

ALIMENTOS Y EMOCIONES

Lo que comemos y cómo nos sentimos van completamente de la mano.

Cuando eras un bebé y tenías hambre, llorabas para que tu mamá te alimentara y llenara ese vacío físico que sentías en tu estómago. Así que, la comida llenaba un vacío. Originariamente, este vacío es físico (el estómago está vacío, siento hambre, lleno mi estómago y la sensación de vacío desaparece), pero simbólicamente, a medida que pasan los años, este vacío se transforma en vacío emocional. Quizás, cuando eras un@ niñ@ no te sentiste vist@ o apoyad@ por tus padres; quizás en el cole se reían de ti y tu autoestima no andaba muy fina; quizás te faltaron abrazos y besos… Todas esas carencias crean una sensación de vacío (a veces la sentimos en el estómago) y, nos surge la necesidad de llenar ese vacío. Por asociación, intentamos llenarlo con comida (como cuando de bebés nuestra madre nos alimentaba), pero este vacío emocional no se llena ni con toda la comida del mundo!

Por lo general, cuando comemos alimentos por compulsión (y no por necesidad fisiológica real) solemos necesitar comer “marranadas” (golosinas, chocolates, patatas fritas cuanto más grasientas mejor…). Así que, te voy a volver a hacer la pregunta de antes: ¿PARA QUÉ comes lo que comes? Mira si puedes identificar algún vacío, algo de lo que quieras huir o escapar, mira si hay sensación de ansiedad o angustia antes de comer. Observa si hay estrés en tu vida. Observa en qué momentos comes compulsivamente; intenta recordar si ha pasado algo antes o si te gustaría que algo fuera diferente y no puedes o no sabes cómo cambiarlo. Sólo observa y date cuenta de lo que te pasa cuando comes…

Generalmente, nuestra alimentación dice mucho de cómo nos sentimos a nivel emocional. Hay ciertos alimentos que solemos comer cuando nos sentimos tristes o decaídos, otros que solemos comer cuando estamos cansados, o ansiosos (¿te suena el chocolate? es un clásico)… Así que podríamos decir que eliges lo que comes según tu estado de ánimo. ¿Estás de acuerdo?  Entonces, quizás ya puedas contestar a la pregunta PARA QUÉ comes lo que comes: para no sentirte triste; para no sentirte cansad@; para no sentir angustia o ansiedad… Observa si eso es verdad para ti… sólo observa…

¿Y si te dijera que, en realidad, los alimentos que comes pueden ser los causantes de tu estado de ánimo? Es decir que, ciertos alimentos pueden ponerte triste, o irritable, o hacerte sentir un cansancio abrumador, o pueden angustiarte…. ¿Alguna vez habías pensado en esto?

Te voy a contar por qué…

El Intestino es Nuestro Segundo Cerebro

En nuestro intestino viven millones de “bichitos” (bacterias) que forman nuestra flora intestinal o microbiota. La flora intestinal es necesaria para que nuestro organismo funcione correctamente, pero debe estar en equilibrio con el medio. Si tu flora intestinal no está equilibrada, hay, entre otros,  una alteración de los niveles de serotonina. Seguramente te suena la serotonina por ser conocida como una de las “hormonas de la felicidad” (en realidad no es una hormona sino un neurotransmisor, pero funciona como hormona).  Estudios relativamente recientes, han demostrado que el 90% de la serotonina se forma en el intestino, y solo un 10% en el cerebro, por lo que una buena salud intestinal es imprescindible para un buen estado mental y emocional. Es por eso que se habla del intestino como nuestro segundo cerebro y es por eso también que nuestra alimentación influye (más de lo que te imaginas) en tus emociones y en tu salud en general.

Hay algunos alimentos que pueden alterar tu flora intestinal, y como consecuencia, puedes tener síntomas como sentirte triste, apátic@, irascible… sin que haya una causa externa aparente. Muy probablemente, la causa esté en tu intestino. A la larga, estos síntomas emocionales pueden transformarse en síntomas físicos (dolores musculares, jaquecas, hinchazón abdominal, etc.) a los que no encuentras explicación más allá del “estrés”.

¿Qué alimentos son saludables para mí y qué alimentos no lo son?

Yo no soy nada amiga de las “recetas mágicas” ya que tú eres únic@ y, por lo tanto, tus necesidades también lo son, pero sí puedo darte algunas pautas de alimentación para mejorar tu salud… Te propongo que lo pruebes durante dos o tres semanas y veas si hay algún cambio para ti:

  • Reduce (y si puedes, elimina) el azúcar blanco de tu dieta. Lo puedes sustituir por azúcar de caña integral o miel que son mucho más saludables.
  • Reduce el gluten (sobretodo la harina de trigo). Puedes sustituirla por harina de espelta que contiene menos gluten y suele digerirse mejor.
  • Reduce la ingesta de leche de vaca. Hay bastantes personas que son intolerantes, y no lo saben!

 

Plan de Acción

Antes de ponerte a darle vueltas a todo esto que te he contado y te pongas a hacer cambios drásticos en tu alimentación, recuerda que el primer paso es PONER CONCIENCIA y observar cómo te sientes. Para ello empieza hoy mismo con los ejercicios que te he propuesto:

  1. Anota en una libreta TODO lo que comes durante los próximos días, sin necesidad de cambiar nada.
  2. Observa qué alimentos de tu lista NO SON SALUDABLES (puedes subrayarlos en tu lista), cuándo los comes, dónde estás cuando los comes…
  3. Y por último, (e igual de importante) pregúntate: PARA QUÉ los comes (para calmar la ansiedad, para no estar triste, para estar ocupad@, para dejar de pensar…)

Cuando seas más consciente de tu alimentación, quizás algo en ti cambie, y el cambio de hábitos alimentarios tenga un sentido más claro y profundo para ti y lo hagas más convencid@ y motivad@… y, como consecuencia, te resulte más fácil mejorar tu alimentación y tu salud. Si es así, este artículo habrá cumplido con su objetivo…

Déjame un comentario con tu opinión, con dudas o con preguntas que te surjan, estaré encantada de leerte y responderte!

Si quieres saber más sobre la alimentación para la salud, puedes hacer clic aquí y  descubrirás mi plan de Alimentación para la Salud!

Gracias por leerme…  ¡Hasta la próxima!

Judith Benavent